Tengo algunas palabras nunca dichas. Siempre ensayando mi discurso inefable, siempre intentando a un nihilismo sacro.
No encuentro muchas salidas, aun cuando el mundo me abre sus puertas. Puedo pretender que intento a la vida, pero finalmente es la vida quien me intenta. Ni a la naturaleza ni al sol que la ilumina yo demando un segundo, en cambio ellos reclaman mi energía. Nace una duda y se enciende la poesía. No nace del sufrimiento, sino de la pregunta.
Nace de no saber y de verse en la obligación de ensayar una razón que me de conciencia. Que quizá limpie un alma sucia.
O que quizá me excuse de tener que saber lo que ignoro.
la poesía nace de una duda que en el fondo es siempre una certeza inefable
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